| Indice |
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| Una Escritura, cuatro sentidos |
| Littera, el sentido literal |
| El Literalismo Absoluto |
| La analogía de la fe |
| Allegoria, el sentido alegórico |
| Moralis, el sentido moral |
| Ver Todo |
Hoy, en los albores del tercer milenio, hay en el mundo más de veinte mil confesiones que se declaran cristianas. Las hay antiguas como el Catolicismo y la Ortodoxia Oriental, hay otras no tan antiguas, el Luteranismo, el Calvinismo, el Anglicanismo entre muchas otras que surgieron dentro de los primeros años siguientes a la Reforma Alemana; luego tenemos los numerosos movimientos e iglesias evangélicas, mayormente de origen norteamericano y finalmente, los cultos como los Testigos de Jehová, el Mormonismo, la Ciencia Cristiana y otros movimientos que se distinguen, entre otras cosas, por diferir de los anteriores en el concepto que tienen sobre la mismísima naturaleza del Dios a quien dicen representar.
La gran mayoría de estos grupos afirman que su particular interpretación de la Biblia es la única correcta. Esta miríada de interpretaciones provoca una serie de problemas. Por ejemplo, el escándalo que representa (para aquellos que no son cristianos) la proliferación de iglesias que declaran ser los auténticos representantes de Cristo en nuestros días. A pesar de esta aparente confusión, sin embargo, siempre hay gente que busca a Cristo o que desea informarse sobre el cristianismo en general.
Nos compete a nosotros, los cristianos, estar lo mejor capacitados que sea posible para hacer una buena defensa de nuestra fe ante aquellos que la atacan y también el saber presentar nuestras creencias de un modo lógico y ordenado para quienes tienen interés en buscar a Cristo. De ahí que sea necesario reconsiderar una vez más los principios de la sana interpretación de las Escrituras que hemos recibido de tiempos antiguos y que son tan útiles y frescos hoy como el primer día. Este tema ha sido tratado a través de los siglos en forma tan exhaustiva que es imposible desarrollarlo de una forma totalmente original.
Es bueno entonces tener en cuenta que la misión de un apologeta no es enseñar sino recordar gentilmente lo ya dicho en tiempos de la remota antigüedad y también en tiempos más recientes. Agustín de Dacia resumió las cuatro interpretaciones clásicas de la Escritura al escribir:
"Littera gesta docet, quid credas allegoria, moralis quid agas, quo tendis anagogia."
Las Sagradas Escrituras deben ser leídas teniendo en cuenta sus cuatro formas de interpretación. Estas son: literal, alegórica, moral y mística.
















