A mediados de abril los votantes italianos llamaron al primer ministro Silvio Berlusconi de vuelta al poder. En el velatorio político de su predecesor Romano Prodi, los expertos de siempre se enfocaron en lo que Il Cavaliere haría para curar la economía, el crimen y la inmigración ilegal. La única cosa que no se discutió entre docenas de cosas que se discutieron en radio y televisión fue el tema más prominente de la campaña: el aborto.
Tan solo un par de meses antes, los titulares de Associated Press anunciaban que el aborto iba a jugar un papel prominente en las elecciones nacionales. El New York Times destacó que el problema del aborto iba a ser "el centro de la campaña electoral italiana." El periódico Times de Los Angeles reportó que "el tema del aborto ha regresado" a la política de Italia y España, a consecuencia del descubrimiento del destrozo de restos de bebés en España y el rescate de un bebé por el cuerpo de Carabinieri en Roma, ambos casos muy publicitados.
Estos titulares describían la creciente presión política y social contraria a las leyes italianas de 1981 que legalizaron el aborto. Ahora, los voceros de Berlusconi proponen una modificación de la ley que restrinja el aborto al primer trimestre y "en casos realmente justificados".
Aparte tenemos otro personaje político, Giuliano Ferrara, a quien el New York Times describe como un hombre que "combina el histrionismo de Abbie Hoffman con la habilidad retórica de William F. Buckley." Ferrara, como Pio Moa, es un ex-comunista y ahora es editor del periódico conservador "Il Foglio".
Ferrara hizo uso de su periódico y de su programa de charlas en televisión para promover una moratoria del aborto y "para llamar la atención al valor de la vida" presentándose a elecciones como parlamentario con el lema "¿Aborto? No, gracias".
Esta no es la primera vez que Ferrara va contra la corriente secular. Su periódico también ha apoyado a la Iglesia Católica en asuntos de bio-ética, relativismo y la caída de la fe entre la población italiana—todo esto a pesar de que Ferrara es ateo.
Aunque Ferrara insiste en que no es creyente, otros políticos insisten en apuntar a sus credenciales cristianas. Ferrara ha llamado la atención a un hecho que él describe como "un cambio crucial" en la vida de Italia desde el 2001: el colapso de las grandes ideas en la política.
Dadas estas circunstancias es todavía más llamativo que los comentaristas no hayan mencionado el aborto en sus rondas televisivas. Eso me recuerda a la manifestación pro-vida en Madrid que congregó a dos millones de personas. En vez de reconsiderar sus políticas abortistas, el gobierno español demandó una disculpa de la Iglesia Católica.
No es sorprendente, supongo, que las élites europeas no quieran reconocer que el secularismo extremo y muchas otras "grandes ideas" por el estilo hayan fallado porque eso automáticamente los haría reconocer al mismo tiempo las raíces cristianas de Europa. Aun así, lo que sucede en Italia, España y el resto de Europa sugiere que los europeos están dándose cuenta que las "grandes ideas" son un pobre sustituto de la fe.
El Euro fuerte y los generosos beneficios estatales son poco consuelo para sociedades que el New York Times describe como "hundidas en la muerte y la decadencia". El remedio para eso es respetar el valor de la vida, que comienza con el lema "¿Secularismo extremo? No, gracias.
Quizás las elecciones italianas sean un signo de esperanza para Europa después de todo.
Traducido por Carlos Caso-Rosendi
















