Hace rato que vengo charlando con buenos amigos, católicos sólidos y de larga data, sobre la lucha pro-vida. Mayormente nuestras conversaciones se centran en la actitud hacia el aborto que los políticos conservadores tienen (o dejan de tener.)
Dos de los más "vistos" comentaristas políticos del ala conservadora en la televisión estadounidense son "pro-choice" o sea, están a favor del aborto legal. Ambos son católicos de ascendencia irlandesa. Los tomo como ejemplo de la incapacidad general de la gran mayoría de los católicos para (a) entender la doctrina de la Iglesia y (b) confiar de corazón que la Iglesia no fabrica esta doctrina y que podemos obedecerla con la inocencia del hijo que obedece a su propia madre.
El aborto legal es una perversión de la ley
Aparte de esa gran mayoría están, por supuesto, los que obedecen y los que se educan en lo que la Iglesia enseña. "Mater et Magistra" no significa que nos tienen que dar la doctrina a cucharaditas en la boca. Tampoco significa que nos la tengamos que inventar (como tan frecuentemente se ve entre quienes se inclinan tanto a la ortodoxia como a la heterodoxia.) "Mater" es cualidad de la Iglesia porque nos da vida, "Magistra" es cualidad de la Iglesia porque en ella reposa todo lo que necesitamos saber para nuestra salvación y realización en la vida.
La Iglesia nos da vida, pero también nos enseña a vivir. A nosotros nos toca aprender de ella y eso implica un acto de la voluntad, un deseo de comprensión y amor por el tesoro doctrinal guardado a través de los tiempos. Ese tesoro doctrinal es la ley de todo católico. No podemos elegir qué doctrina obedecer de la misma manera que no podemos elegir qué reglamentos de tránsito vamos a respetar o no. Por eso el hecho de que haya católicos "pro-choice" o sea "pro-elección" en asuntos de aborto, es ante todo, una señal evidente de lo mal que estamos, doctrinalmente hablando. No conocemos a nuestra madre ni mucho menos le hacemos caso.
El aborto se legalizó en los Estados Unidos por vías judiciales en el famoso caso de Roe v. Wade, una de los más espectaculares circos jurídicos producidos en cualquier corte de todos los tiempos.
Los jueces, esas nueve "almas sabias" reunidas en la venerable sala de Washington, han fatigado la injusticia en otras ocasiones y no por eso nos vamos a ensañar con ellos. En este caso, la infamia es compartida por una buena parte de la clase política americana que camina sin pausa hacia otro tribunal, un nuevo Nüremberg que espera a esta generación a la vuelta de esa misma esquina de la historia que encontró a Göering, Hess y sus amigotes, de la manera que encontró al persa Amán Bar Hamdata, el enemigo de los judíos en el relato bíblico de la reina Ester (Ester 7, 9). Los que no aprenden de la Historia están condenados a repetirla.
















