En la Navidad recibimos entre nosotros a la Madre y al Niño. Diciembre trae a las familias cristianas la dulce experiencia de la Navidad. Aún en este comercializado mundo hay muchas familias que descubren junto con sus pequeños la alegría de armar el pesebre y decorar el árbol recordando con esas acciones el nacimiento del Salvador del Mundo y enseñando a los niños que cada uno de nosotros es un milagro y un don de Dios.
Para muchas de las sectas la Navidad es un día más. Nunca olvidaré como era de triste la noche que en mi casa, cuando yo era un niño de apenas doce años y se dejó de celebrar la Navidad porque unos vejetes amargados en Brooklyn así lo habían decretado "basándose en la Biblia".
Piense cada uno en el tesoro de esta fiesta que venimos guardando por generaciones. Piense cada uno en recibir en casa a la Madre y al Niño. No en el establo, no en el lugar que sobra sino en el lugar de honor.
En la Navidad recibimos al Niño Jesús. Como dijo la buena Madre Teresa de Calcuta: "En el aborto no recibimos al niño" ¿Cómo podemos ser bendecidos como sociedad, como pueblo de Dios mientras exista entre nosotros la anuencia estatal al aborto, esa loteria siniestra que los pobres inocentes deben enfrentar en el mismo vientre de quienes debieran amarlos más?
Un hombre mayor, una jovencita y un niño recién nacido en la mas humilde de las cunas... es la forma de Dios de pedirnos que amemos la vida aun en sus momentos de mayor fragilidad.
Esta Navidad reflexionemos en medio de la alegría de las reuniones familiares, las comidas y las fiestas y volvamos en nuestros corazones a Belén, la "casa del pan" del rey David y recordemos que Dios se hizo hombre para salvar lo más pequeño de su creación y que nos juzgará por la forma en que tratamos a los más débiles en nuestra sociedad.
















