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Difamación y anticatolicismo en la red

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Armados de mala voluntad, prejuicio, mentiras y difamaciones las sectas no descansan en sus ataques contra la Iglesia. Su principal objetivo es desviar a quienes les escuchan y leen. El motor de la realidad sectaria es la distorsión intencionada de la Historia y de las verdades de la Sagrada Escritura, el desprecio de la razón y el rechazo del sentido común. Tanto Juan Pablo II como nuestro flamante Benedicto XVI han llamado a esta generación de católicos a ser portadores de la llama del Evangelio de Cristo. El triunfo esta garantizado. La oscuridad no puede apagar la luz eterna que hemos sido llamados a hacer brillar.

Esto es lo que nos sirve para definir al sectario. Quienquiera que, estando en desacuerdo con la Iglesia, echa mano a la difamación rehuyendo el diálogo fructífero y prefiriendo la acusación "a oídos cerrados" es por definición un sectario y un enemigo declarado de la verdad de Cristo. Para darse cuenta de que esto no es nada nuevo basta leer los Evangelios.

En numerosas ocasiones los enemigos de Cristo usaron las mismas armas. "Eres un samaritano y tienes demonio" es una apelación al nacionalismo y al miedo. Los norteamericanos tuvieron más de una ocasión de probar ése método durante la campaña electoral que finalmente eligió a John F. Kennedy como el primer presidente católico de los Estados Unidos. "No lo elijan," era el reclamo de ciertos opositores, "pues obedecerá al Papa y no a la Constitución." Implícito en esta acusación está el principio falso de que un católico es menos patriota que los que no lo son.

"Tus discípulos no se purifican" fue la acusación contra los asociados con Jesús. Y aun hoy escuchamos a quienes descalifican a más de mil millones de católicos porque la comunidad entera no llega al cien por ciento de la prístina santidad que de ellos se espera. Juicio por asociación de acuerdo a reglas establecidas por el acusador. No se les ocurre a esos frescos el medirse a sí mismos con la misma vara. No lo hacen porque les resultaría desastroso.

Nada ha cambiado. No nos soprende encontrar estas acusaciones en la red. El bajo costo de publicación y la relativa facilidad de acceso al internet ha dado lugar a una copiosa industria de difamación anticatólica. En ciertos sitios hasta se pretende hacer conocer la verdad de Cristo mientras se difama vilmente a la Iglesia con mentiras. Uno esperaría encontrar en ellos alguna incitación "al amor y las buenas obras" de las que hablan los apóstoles... sin embargo, en página tras página, tan solo se critica a la Iglesia, como si la misión más importante para un cristiano fuera derribar a otros y no todo lo contrario.

¿Ha oído usted de alguna de estas sectas anticatólicas jugarse a hacer el desafío "vamos a abrir más orfanatos que los que ha abierto la Iglesia" o "vamos a alimentar más pobres y menesterosos que los que alimentan los católicos", o quizás este otro; "no nos van a ganar los católicos a atender enfermos y visitar prisiones"? Dudo que haya iglesias guiadas por estos lemas aunque abundan por miles las que declaran tener la exacta doctrina de Cristo mientras trabajan denodadamente para diseminar infundios contra la Iglesia que Jesús fundó.

De nuevo, nada ha cambiado desde los tiempos de Cristo. Los acusadores de un lado, los intercesores del otro. Los edificadores brillando como la luz del sol y armados de la verdad y los detractores, acusando dia y noche, mintiendo, distorsionando y hasta negando la existencia de la verdad mientras destruyen desde las sombras o, en el caso de los mas avezados, haciéndose pasar por fuentes de luz.

Debemos saber distinguir entre aquellos que buscan a Cristo con medios limitados, (nuestros hermanos separados de ciertas otras iglesias cristianas que nunca cultivaron el anticatolicismo craso) y aquellos que, lejos de buscar la verdad de Cristo, se dedican a desparramar y a dividir, aumentando así la confusión y el escándalo.

Entre éstos últimos, el evangelismo silvestre surgido de la ambición de autodenominados "pastores" es muy nocivo. Con el tiempo, estas ramas se han ido apartando de las nociones básicas del cristianismo y es notable observar cómo sus doctrinas continúan gravitando hacia las herejías históricas tal como previamente lo han hecho el millerismo, el jehovismo y el mormonismo, entre otros. Ya existen agrupaciones de tipo pentecostalista en las que se descree de la Trinidad y de la Cruz. Tengo una no muy lejos de mi casa.

El llamado sigue vigente a todos los cristianos de continuar construyendo en amor y siendo un faro de luz en un mundo oscuro e impío. No se puede ser cristiano y vivir de la acusación y la mentira. Quienes lo hacen sirven a otro amo que no es precisamente Cristo. El que no junta con Cristo, desparrama