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Umberto Eco

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Umberto Eco

Umberto Eco es conocido por el público internacional a raíz de sus dos novelas, El nombre de la rosa y El péndulo de Foucault. Ambas obras se refieren a aspectos de las teorías de los signos antiguas y contemporáneas, así como a una enorme serie de textos eruditos (especialmente de la Edad Media) y otros escritos literarios (Sherlock Holmes en El nombre de la rosa y el Corpus Hermeticum en el Péndulo de Foucault).

Eco nació en 1932 en Piamonte, Italia. Antes de convertirse en experto en semiótica, estudió filosofía, especializándose en las teorías filosóficas y estéticas de la Edad Media. La tesis que presentó en la Universidad de Turín acerca de la estética de Santo Tomás de Aquino fue publicada en 1956 cuando tenía 24 años. Tres años después, Eco aportó un capítulo denominado 'Sviluppo dell'estetica medievale' ('El desarrollo de la estética medieval') a un manual de cuatro volúmenes sobre la historia de la estética. In 1986, el extenso capítulo apareció en una traducción al inglés titulada Arte y belleza en la Edad Media. Esta erudición, como hemos advertido, ha sido aprovechada eficazmente en la ficción de Eco, aunque, ¿guarda una verdadera relación con sus trabajos en semiótica? En este caso se puede responder afirmativamente por dos motivos. En primer lugar, como lo han demostrado Todorov y otros, la era de Santo Tomás de Aquino es también un capítulo de la historia de la teoría de los signos. El Aristóteles que tanta influencia tuvo sobre el 'Doctor Angélico' también ha dejado su huella, admite Eco, en la semiótica más reciente, tal como en la teoría de la metáfora. En segundo lugar, como experto en la Edad Media, Eco quedó fascinado por los textos de James Joyce en los que encontramos abundantes referencias a Santo Tomás de Aquino, Aristóteles, Dante, bestiarios medievales y retórica.

El interés de Eco por Joyce debe observarse dentro del contexto de su "curiosidad" y "admiración" por el mundo moderno y la modernidad como fenómenos culturales e históricos. De esta manera, Joyce tiende un puente entre la pasión erudita de Eco por un tiempo ya perimido (aunque tal vez esté regresando) y el mundo empírico del aquí y ahora; un mundo complejo y diverso, polifónico y abierto. Los dos polos del campo intelectual de Eco pueden apreciarse al saber que en el año en que publicó su capítulo sobre la estética medieval, apareció un artículo firmado por él llamado, 'L'opera in movimento e la coscienza dell' epoca' ('La poética de la obra abierta'), que consideraba el modo en que la música moderna (Stockhausen, Berio, Boulez), la escritura moderna (Mallarmé, Joyce), el arte moderno (Calder, Pousseur) en relación con la ciencia moderna (Einstein, Bohr, Heisenberg) producen actualmente 'obras en movimiento' y 'obras abiertas', obras por las cuales el receptor se convierte en un elemento activo en la culminación provisoria de una obra o en que la misma obra coloca a la apertura en primer plano. A partir de aquí, Eco elabora ese tema de su trayectoria intelectual que se ocupa del 'rol del lector'.

En una reciente declaración sobre la lectura y la interpretación, Eco ha enfatizado que la interpretación de que 'todo vale' de la crítica posmoderna no está relacionada con el concepto de la obra abierta. En cambio, se puede decir que todo trabajo literario propone un lector modelo que corresponde a las posibilidades reales y justificables que el texto establece. Según Eco, la propuesta de que es factible una cantidad infinita de lecturas para cualquier texto entraña una total formalidad. Por otra parte, esto no significa que un autor empírico deba ser capaz de ser árbitro de la validez de la interpretación en vista de sus intenciones. Es cuestión de identificar elementos de juicio que pudieran traducirse en una interpretación apropiada y coherente, sea que se acomode esto o no a los planes del autor empírico. Con respecto a esto, Eco se complace en citar la parte de Finnegan's Wake que se refiere a 'ese lector ideal que padece del insomnio ideal' (FW 120: 1314). El lector ideal no es un lector perfecto sino un lector que representa la gama de posibles lecturas justificadas en función de la estructura del mismo texto: el lector que está alerta ante estas posibilidades.

La otra dimensión que constituye la trayectoria intelectual y erudita de Eco es la semiótica. Desde 1975, Eco dirige la cátedra de semiótica en la Universidad de Bologna y ha escrito en idioma inglés dos libros fundamentales en los que desarrolla su teoría de los signos y la significación: Una teoría de la semiótica (1976) y La semiótica y la filosofía del lenguaje (1984).

Si bien Una teoría de la semiótica trata de manera explícita una teoría de los códigos y producción de signos, su punto de partida esencial es el concepto de Pierce de la 'semiosis ilimitada'. La semiosis ilimitada se refiere, según Eco, al tipo de posición intermedia en relación con la posición del lector. Aunque la semiosis ilimitada es el resultado del hecho de que los signos lingüísticos siempre se refieren a otros signos y que un texto siempre brinda la posibilidad de infinitas interpretaciones, la intención de Eco es, por una parte, evitar los extremos del significado unívoco y los infinitos significados opuestos por otra. La semiosis ilimitada corresponde en cambio al "interpretant" de Peirce donde el significado es determinado con referencia a las condiciones de la posibilidad.

En vista de la semiosis ilimitada, ¿cómo explica Eco la naturaleza de un código? En términos generales, hay dos tipos de códigos. Pueden ser del tipo de código Morse unívoco, en los que un conjunto determinado de señales (puntos y rayas) corresponde a un conjunto dado de signos; en este caso, las letras del alfabeto. Un código de este tipo -en el que un sistema de elementos es traducido a otro sistema- posee una aplicación sumamente amplia, de modo que la relación entre el ADN y el RNA (ácido ribonucléico)) en biología puede ser analizada en función de un código.

Si bien Eco proporciona varios ejemplos técnicos de este tipo de código, su principal interés radica en el lenguaje constituido por el langue (donde código = gramática, sintaxis, sistema) y parole (acto lingüístico). En este caso, el código corresponde a la estructura del lenguaje. O, empleando los términos de Hjelmslev como a menudo lo hace Eco, el código correlaciona el plano de expresión del lenguaje con el plano del contenido. Eco utiliza el término 'código-s' para designar un código empleado en este sentido. En otras palabras: el código-s del lenguaje equivale a la organización específica de los elementos de la parole. Sin un código, los sonidos y signos gráficos carecen de significado y en el sentido más radical de no-funcionalidad linguistica. Los código-s pueden ser 'denotativos' (cuando una aseveración es comprendida literalmente) o connotativos (cuando se detecta otro código; ej. código de urbanidad, dentro de la misma aseveración). Nada de esto es realmente ajeno a la obra de Saussure aunque Eco quiere introducir la idea de un código-s que sea más dinámico del que hallamos en la teoría de Saussure y también en gran parte de la lingüística actual. Esto lo logra desarrollando lo que denomina, siguiendo a Quillian, un 'Modelo Q': un modelo de código que explique la semiosis ilimitada. No obstante, Eco tiene que demostrar primero que el significado de un ,signo-vehículo' (p.ej, una palabra o imagen) es independiente de un objeto supuestamente real. En otras palabras, resulta necesario evitar la 'falacia referencial'. De este modo, el signo-vehículo /perro/ no equivale a ningún perro en particular (= objeto real) sino que representa a todos los perros, tanto vivos como muertos. Un ejemplo más claro tal vez es el hecho de que /sin embargo/ no tiene un referente; más bien, es un producto puro del código. En segundo término, Eco reconoce que los códigos efectivamente tiene un contexto. Este contexto es la vida social y cultural. Por lo tanto, 'las unidades culturales son signos que la vida social ha puesto a nuestra disposición: imágenes que interpretan libros, respuestas apropiadas que interpretan preguntas ambiguas, palabras que interpretan definiciones y viceversa.' Lo que alguien hace en respuesta a un signo-vehículo en particular (p. ej. /tu grito/ en Australia tiene como resultado que alguien pague todas las bebidas) nos proporciona, señala Eco, 'información acerca de la unidad cultural' en cuestión .6 Al tener en cuenta el carácter del signo como unidad cultural, una teoría de códigos es capaz de explicar de qué manera los signos pueden asumir una multiplicidad de significados, cómo se deriva el significado de la aptitud de la persona que habla la lengua o el sistema de signos y cómo, en consecuencia, pueden crearse nuevos significados. El langue como código se vuelve de esta manera equivalente a la aptitud del que habla la lengua. Esto es así aun en el caso en que esta persona usara el código en forma incompetente. Porque la 'ineptitud' (p.ej, esa nieve es manteca de maní, para citar a Eco) es aún interesante desde el punto de vista semiótico. La risa es una posible respuesta a esta ineptitud, elemento que tiene que ser excluido del concepto del lenguaje considerado como semántica basada en veracidades o falsedades de proposiciones. En efecto, la risa, la mentira, la tragedia son fundamentales para comprender el código visto desde una óptica semiótica.

El campo semántico está hasta cierto punto inmerso 'en múltiples desplazamientos' que hacen que el concepto de código como equivalencia de los elementos de dos sistemas sea inadecuado. En realidad, dice Eco, todo código lingüístico importante es 'una red compleja de subcódigos'. Para expresarlo lo más sucintamente posible: el modelo Q de Eco es un modelo de creatividad lingüística'. Tal como él lo confirma: 'En efecto, el modelo Q supone que el sistema puede nutrirse con información nueva y que se pueden deducir datos adicionales de datos incompletos." Por consiguiente, con el modelo Q, el código es modificado de acuerdo con las cambiantes aptitudes de los que hablan el idioma, en lugar de ser determinado por el código.

El otro aspecto de una teoría de códigos es la teoría de producción de signos. En su análisis sobre la producción de signos, Eco nuevamente hace hincapié en la tensión que existe entre elementos que pueden ser fácilmente asimilados o previstos por el código (comparar con los símbolos según la terminología de Peirce) y los que no pueden asimilarse con facilidad (comparar con el concepto del icono de Peirce). A los elementos de la primera categoría, Eco los llama ratio facilis y a los de la segunda, ratio difficilis.1 Cuando uno más se aproxima al ratio difficilis, con mayor intensidad es "motivado" el signo del objeto por su misma naturaleza. Los iconos son la categoría de signo que enfatiza esto con mayor claridad. Sin embargo, a Eco le preocupa demostrar que hasta los signos más intensamente motivados (p. ej., imagen de la Virgen) poseen elementos convencionales. Y aun donde parece existir un ejemplo evidente de un objeto, o comportamiento, que da la impresión de existir al margen de todo formato convencionalizado (p. ej. fuera del código), dichos casos se vuelven convencionales rápidamente. Los ejemplos más ilustrativos son los de Gombrich (a los que Eco hace referencia) de lo que se consideró realismo en la pintura en diversos momentos de la historia del arte (p. ej., los dibujos de Dürer). Hasta se puede demostrar que una fotografía tiene aspectos convencionales: por ejemplo, el revelado del negativo ofrece la posibilidad de una cierta convencionalización por parte del fotógrafo. Sin embargo, si una fotografía es considerada desde la perspectiva de su carácter analógico (hasta qué grado se asemeja a su objeto), Eco nos recuerda que la digitalización, como cierta forma de codificación, presupone nuevas posibilidades de reproducción. En resumidas cuentas, los elementos claves de la tipología de los modos de producción de signos de Eco son los siguientes:

1. Labor física: trabajo requerido para producir el signo. 2. Reconocimiento: el objeto o acontecimiento es reconocido como expresión del contenido de un signo, como con impresos, síntomas o pistas. 3. Ostensión: Se demuestra que un objeto u acto es el ejemplar de una clase de objetos o actos. 4. Réplica: en principio tiende hacia el ratio difficilis pero asume características de codificación a través de la estilización. Entre los ejemplos podemos mencionar a los emblemas, tipos de música, signos matemáticos. 5. Invención: el ejemplo más evidente de ratio difficilis. Imposible de prever por el código existente, es la base de un nuevo continuo material. Lo que Eco propone mediante su modelo Q y la invención de producción de signos -y lo que la semiótica convencional ha tendido a pasar por alto (con la notable excepción de la obra de Kristeva)- es la necesidad de explicar la capacidad de renovación y revitalización del sistema lingüístico. En vez de ser cerrado y estático, Eco sostiene que el sistema de signos es abierto y dinámico.

Una comparación similar es evidente en el tratamiento que hace Eco de los signos y símbolos y la significación en Semiótica y filosofía del lenguaje. En esa obra, Eco arguye que un signo no es solamente algo que significa otra cosa (y por lo tanto tiene un significado en el diccionario), sino que también debe ser interpretado. Como hemos remarcado anteriormente, el punto de vista interpretativo que aquí opera es el del 'interpretant' de Peirce, que origina una semiosis ilimitada.

El tema clave de Semiótica y la filosofía del lenguaje se ocupa de la diferencia entre la estructura del diccionario y el de la enciclopedia. Aunque no lo explica precisamente en estos términos, para Eco, el diccionario, como el 'árbol jerárquico de Porfirio' (ese modelo de definición estructurado por géneros, especies y diferencias), corresponde a una visión de la lengua como sistema estático y cerrado de lingüística convencional. Por lo tanto, el modelo lingüístico del diccionario no explicaría la semiosis ilimitada. Por el contrario, la enciclopedia correspondería a una red sin un centro, a un laberinto del cual no hay salida o a un modelo infinito y deductivo abierto a nuevos elementos. Donde el diccionario sufre la aforia de tener un significado aunque limitado o ilimitado en su esfera de acción, pero incapaz de proporcionar un significado específico, la enciclopedia corresponde a una red 'rizomática' de descripciones locales; consecuentemente, su estructura se asemeja a un mapa en lugar de un árbol jerárquico. En efecto, para funcionar apropiadamente como red de palabras, previendo la posibilidad de nuevos significados, un diccionario tiene que ser como una enciclopedia', dice Eco. Es en realidad una 'enciclopedia disfrazada', afirma. De esta manera, la enciclopedia puede convertirse en un modelo general del lenguaje; una manera de hablar acerca de la misma sin imponerle una globalidad artificial y finita.

Por último, quizás el aporte más perdurable de Eco, a la teoría de la semiótica sea, por lo tanto, demostrar que el lenguaje es como la enciclopedia, inventada por los filósofos franceses del siglo dieciocho. ¿Acaso, no nos estará demostrando Eco que el Siglo de las Luces, al menos en este aspecto, es también posmoderno?

Datos

Un compendio extraído de Fifty Key Contemporary Thinkers (Cincuenta pensadores claves contemporáneos) de John Lechte, Routledge, 1994.