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Pecado contra el Espíritu Santo

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Pecado contra el Espíritu Santo
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Jesús azotado en el pilar de tormento

"Quisiera consultar acerca de una cuestión que ya me inquietó y que vuelve a hacerlo. Intentaré ser breve.Soy un católico practicante. Hace unos años, creo que a raíz de un comentario de mi padre (miembro del Opus Dei) acerca de la ilusión de tener un hijo sacerdote, etc. estuve una época incómodo y obsesionado con la idea de tener que dejar a mi novia. En determinadas situaciones como al ir a Misa, me sentía incómodo y angustiado por la idea. De forma que en alguna ocasión según mi estado de ánimo es posible (no lo recuerdo bien) que dejase de asistir a Misa, rezar,etc. Decidí totalmente convencido casarme y desde entonces, llevo una vida piadosa, me confieso cada vez que lo necesito, etc. La obsesión ahora es si no habré, en aquella época, cerrado el corazón a Dios por miedo a que me pidiera algo que hiciera dejar mi novia, siendo éste un pecado contra el Espíritu Santo. He buscado en internet el significado del mismo, pero no me queda claro del todo. Creo recordar haberlo comentado en confesión hace tiempo.Quiero plantearle esta duda que me agobia hace unos días."

El lector nos escribe desde España. El mensaje ha sido editado mínimamente para preservar su privacidad.

Lo primero que salta a la vista es que esto es un problema de conciencia, un problema que requiere, por su propia naturaleza, un intercambio profundo con un sacerdote capacitado y cercano a su vida y experiencia. Esto no es una simple consulta sobre asuntos de doctrina que pueda ser ventilada en el Internet. Por eso la recomendación que cualquier sacerdote le dará por este medio, es que vea a un sacerdote personalmente y le plantee la cuestión sinceramente, en el marco del Sacramento de la Reconciliación, si fuera necesario.

Dicho esto, ha surgido el tema del pecado contra el Espíritu Santo. Un tema que agobia a muchos cristianos que sufren de un exceso de escrúpulos. El tema se presenta en Mateo, capítulo 12.

Mateo 12, 30-37 — El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama. Por eso os digo que todo pecado o blasfemia se le perdonará a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada. A quien diga una palabra contra el Hijo del Hombre, se le perdonará; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el futuro. Si el árbol es bueno: el fruto también será bueno. Si el árbol es malo: el fruto también será malo. Porque el árbol se conoce por su fruto. Raza de víboras, ¿cómo podéis vosotros decir cosas buenas, siendo malos? Porque la boca habla de la abundancia del corazón. El hombre bueno saca cosas buenas de su tesoro de bondad; y el hombre malo saca cosas malas de su tesoro de maldad. Pero os aseguro que en el día del Juicio, los hombres rendirán cuenta de toda palabra vana que hayan pronunciado. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.

Ante todo, el contexto: Jesús presenta esta enseñanza luego de acaecer varias cosas:

(1) Los fariseos condenan a los discípulos de Jesús por moler un poco de trigo entre las manos y comerlo al pasar por un campo.

(2) Los mismos le presentan a un hombre lisiado y le preguntan a Jesús si es lícito curar durante el descanso sabático. Jesús cura al lisiado y les reprocha su falta de caridad, recordándoles que ellos saben bien las excepciones caritativas de la Ley de Moisés: si hay vida humana o animal en peligro, es lícito trabajar en sábado para salvarla.

(3) Luego le presentan a un muchacho ciego y mudo, poseído por un espíritu inmundo. Jesús lo cura completamente y además cura a todos los enfermos que el pueblo le trae.

Finalmente Jesús lee los pensamientos de los fariseos, algo que ellos saben bien que sólo Dios puede hacer. Sin embargo se resisten igualmente y traman para acusar y matar a Jesús.

La mentecatez monumental de los enemigos de Jesús consiste en estar tan convencidos de su propia rectitud que no ven las obras buenas y poderosas que sólo pueden tener un origen: la gracia del Padre que se manifiesta en el Hijo.

Tenemos que tener extremo cuidado de no caer en este tipo de resistencia, tan común hoy día en la prensa liberaloide de izquierda y de derecha: las buenas obras de la Iglesia se minimizan o se ignoran, mientras que los inevitables pecados de los hombres de la Iglesia se magnifican y se condenan con la esperanza de autojustificar la propia mediocridad en la ejecución del bien.

Si Jesús y los discípulos hubieran violado el sábado según la interpretación de los fariseos, también Jesús estaba haciendo un extraordinario bien al pueblo, lo cual era tan evidentemente divino que no podía ser negado. Sin embargo, contra toda la evidencia, los fariseos prefieren asumir que es el demonio el autor de tanto bien—algo que es probado imposible delante de sus propios ojos cuando el ciego-mudo recibe la luz y ayuda a dar testimonio de Jesús

En el contexto encontramos (vv. 18-19) la profecía mesiánica de Isaías:

Mateo 12, 18-19 — "Este es mi servidor, a quien elegí, mi muy querido, en quien tengo puesta mi predilección. Derramaré mi Espíritu sobre él y anunciará la justicia a las naciones. No discutirá ni gritará, y nadie oirá su voz en las plazas. No quebrará la caña doblada y no apagará la mecha humeante, hasta que haga triunfar la justicia; y las naciones pondrán la esperanza en su Nombre".

Es evidente que el Mesías viene para bien del pueblo de Israel y las naciones gentiles. Viene "al fin de los tiempos" cuando ya la humanidad agobiada no puede avanzar más y es como una mecha que ya no arde, una caña doblada por el fragor del verano. Cristo viene a reavivar a la humanidad con el fuego del Espíritu Santo. Esto es algo que nosotros, a veinte siglos de distancia podemos observar. El paganismo históricamente agotado no tenía otra salida. El judaísmo, cargado con un pasado de fallas apenas podía concentrarse en la obsesiva compulsión por cumplir la Ley Mosaica para evitar el disfavor de Dios.

Sin embargo, cuando el Mesías se presenta delante de ellos, no solamente lo resisten (algo que puede comprenderse) sino que se niegan completamente a reconocer las pruebas abrumadoras de su origen divino, ya que las obras que Jesús produce solamente y obviamente deben provenir del Padre y debieran dejarlos mudos de asombro. En lugar de eso, abren la boca para blasfemar y asignan al demonio la responsabilidad por tales y tan grandes obras. Con esto rechazan no solamente al Hijo, sino al Padre que lo ha enviado (de ahí la cita de Isaías) y al potente Amor del Padre y del Hijo, el Espíritu Santo que viene justamente a curarles de todos los males y a re-insertar a la nación en la familia de Dios con un pacto eterno.

La idea vuelve a ser expuesta por el apóstol Juan en su primera carta: la unción del Espíritu es posible para quienes han recibido al Hijo y en el Hijo, al Padre.

1 Juan 2, 20-26 — Vosotros recibísteis la unción del que es Santo, y todos tenéis el verdadero conocimiento. Os he escrito, no porque vosotros ignoréis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira procede de la verdad. ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el Anticristo: el que niega al Padre y al Hijo. El que niega al Hijo no está unido al Padre; el que reconoce al Hijo también está unido al Padre. En cuanto a vosotros, permaneced fieles a lo que oísteis desde el principio: de esa manera, permaneceréis también en el Hijo y en el Padre.La promesa que El nos hizo es ésta: la vida eterna. Esto es lo que quería escribiros acerca de los que intentan engañaros.

¿Qué es entonces el pecado contra el Espíritu Santo? ¿Se puede deducir de esta lectura algo que clarifique ese contexto?

El Padre Horacio Bojorge lo resume así:

"el pecado contra el Espíritu Santo, es el rechazo del Hijo y la rebelión contra el Padre." [1]

Algo que en el caso de los fariseos llega a su fruición completa con la frase que gritan desgañitados a Poncio Pilato: "¡Crucificadle! No tenemos más rey que César".

Con eso rechazaron en una sola y terrible blasfemia al Hijo, al Padre y al amor redentor de ambos: Dios el Espíritu Santo.

Marcos 3, 20-30 — Los escribas que habían venido de Jerusalén decían: "Está poseído por Belzebul y expulsa a los demonios por el poder del Príncipe de los Demonios". Jesús los llamó y por medio de comparaciones les explicó: "¿Cómo Satanás va a expulsar a Satanás? Un reino donde hay luchas internas no puede subsistir. Y una familia dividida tampoco puede subsistir. Por lo tanto, si Satanás se dividió, levantándose contra sí mismo, ya no puede subsistir, sino que ha llega a su fin. Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa. Les aseguro que todo será perdonado a los hombres: todos los pecados y cualquier blasfemia que profieran. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón jamás: es culpable de pecado para siempre". Jesús dijo esto porque ellos decían: "Está poseído por un espíritu impuro".

Finalmente, para redondear esta breve exposición sobre el pecado contra el Espíritu Santo, a la luz de la escena de Marcos, capítulo 3, ese pecado consiste en "atribuir al demonio las obras del Espíritu Santo" cuando los enemigos de Jesús dicen que él echa a los demonios por el poder de Satanás. Según nos ilumina esta parte del Evangelio, es pecado contra el Espíritu Santo el afirmar que son mentira las verdades reveladas. Y en particular que es mentira la obra del Espíritu Santo en el seno de María, engendrando al Verbo Encarnado; lo cual es la negación de la concepción virginal, obra del Espíritu Santo.

Referencias

[1] El liberalismo: pecado, iniquidad, abominación, par. 5, Horacio Bojorge, S.J. pub. Primera Luz.